Cundinamarca Cuna del Café en Colombia

El café llegó a Colombia a mediados del siglo XIX en 1870, por la zona fronteriza con Venezuela y antes de llegar al Eje Cafetero y otras zonas de tradición cafetera como Antioquia o Huila, encontró en la vertiente occidental de la cordillera Oriental, en Cundinamarca un espacio perfecto para su expansión. El auge del café se produjo como consecuencia del colapso de los precios del tabaco y el decaimiento de las empresas interesadas en la explotación del oro.

Las condiciones climáticas de suelo y humanas hicieron fácil el crecimiento de la cultura del grano nacional en suelo cundinamarqués al punto que se instauraron grandes haciendas a mediados del siglo XX, donde grandes terratenientes de la región le apostaron al grano, asignando en arriendo a campesinos con familia y sin tierra, una parcela de monte, bien de su propiedad o de baldíos, bajo el compromiso de plantar y cultivar el café y su sombrío hasta el momento de la cosecha; para las labores de recolección y postcosecha, se destacaba la participación de mujeres y niños.

Estas tierras también fueron explotadas por compañías de comerciantes ricos e influyentes, importadores y exportadores que impulsaban la producción a gran escala. Para esta época la producción se comercializaba a través de la principal arteria fluvial del departamento el río Magdalena.

Por varias décadas Cundinamarca se consolidó como uno de los principales productores y exportadores del país, por esta razón siguen resonando nombres de las haciendas California, Liberia, Arabia, Átala, Ceylán, Misiones, Granjas, La Fragua, Guane, El Porvenir, El Rosario, La Cajita, Bizerta, Sabio Mutis, El Chocho, Mesitas de Santa Inés; todas estas y muchas más, fortalecen las bases sobre las cuales se construye el futuro de nuestra caficultura cundinamarquesa.

El 19 de diciembre de 1928 un año después de crearse la Federación Nacional de Cafeteros se instala en Bogotá el Comité Departamental de Cafeteros Cundinamarca, siendo sus primeros representantes, los señores Pomponio Guzmán, Benito Gómez, Eduardo Tavera Navas, Enrique de Narváez, Alberto William son y Mario Aníbal Melo.

Desde ese momento, el Comité se constituyó en actor fundamental del progreso en Cundinamarca, construyendo con recursos de los cafeteros vías, escuelas, electrificación, acueductos, viviendas y ejecutando otros programas que han contribuido al desarrollo rural del departamento.

En Cundinamarca se produce una caficultura bajo sombra que le confiere a la taza un sabor único con unas condiciones de sabor, cuerpo y aroma que le hacen exclusivo. El café en Cundinamarca encontró en la vertiente occidental de la cordillera oriental una gran biodiversidad, ecosistemas generosos y el compromiso de sus habitantes, ingredientes que han preservado el cultivo en 30 mil hectáreas sembradas bajo el abrigo de especies de sombrío nativas como flormorados, carboneros, cámbulos y otros de la variadísima flora andina; cualidad que le imprime una filosofía de conservación y sostenibilidad ambiental a su producción, además de atributos aromáticos característicos de dichos sistemas, que le confieren un sabor de notas dulces acarameladas con ligeras sensaciones cítricas que realzan su acidez, cuerpo y dulzor y denota una excusa suficiente para acceder a mercados especializados. La actividad cafetera, cimentada actualmente en estructuras de corte campesino y minifundista, conserva un protagonismo indiscutible: el cultivo se encuentra presente en más de la mitad de los municipios del departamento, en algunos como baluarte de sus economías. El café sigue ocupando un importante renglón en la economía actual del departamento, como segundo cultivo en extensión con 30.142 hectáreas en 69 municipios, de las cuales dependen 28.547 cafeteros y sus familias, 99% de estos son productores de fincas con un área en café de menos de cinco hectáreas, generando 100 mil empleos directos e indirectos en el sector rural.

En esencia, la caficultura constituye la impronta de una tradición transferida por generaciones, la huella de un proceso de apropiación lícito del territorio cundinamarqués, y el símbolo inequívoco de afirmación cultural de miles de familias, representadas en 36 Comités Municipales que soportan las políticas conducentes al bienestar regional. Es así como se refleja la importancia y tradición que tiene el producto nacional en Cundinamarca, lo que implica que para el departamento producir café de la mejor calidad es una obligación y, desde luego, una tarea conjunta entre los diferentes estamentos públicos y privados que ha dado como resultado que se produzca uno de los mejores cafés del país y porque no del mundo.

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